miércoles, 7 de diciembre de 2011

Y así empezó...


Yo llevaba una libro de Neruda y un llavero que justo había comprado. Esperé entre inciensos y más lecturas y entonces llegaste. Platicamos un poco. Tímidos al principio luego todo fue mejorando.

Al paso de los días parecía que mi teléfono se había convertido en parte de mí. Eran los mensajes, las llamadas, todas esas cosas y con el tiempo pasaron a salidas. De pronto ya no eras un amigo, sino significabas algo más para mí. Era la forma de pensarte y verte.

Ese primer beso... Nuestro primer beso. Yo ansiosa, tu nervioso, te acercaste a mí y sin más dudarlo nuestros labios se juntaron y no sé... ¡perfecto!

O como cuando llegué a ese restaurante y sonaba Drexler de fondo, desde el inicio supe que ese era un buen día. Iba arreglada más de lo normal, era una linda tarde del décimo mes. Entonces tú entraste y entre platicas, risas y abrazos me pediste ser tu novia. Y así empezó...

No puedo dejar de pensarte, de soñarte, de cuestionarme si lo que vivo es real y no un sueño. Realmente me doy cuenta que el tiempo no es mío, no soy la que decido ni dispongo de él y pues me alegra porque llegaste en el preciso momento, no antes ni después, simplemente a tiempo.


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